
No tiene la velocidad de un Mirage 2000, ni la autonomía de vuelo de un Airbus. Tampoco la capacidad de carga de los Antonov que usa la Fuerza Aérea Peruana (FAP) en sus misiones de ayuda. Es más bien algo parecido a un Tico con alas. Pero todo despegue se inicia a ras del suelo.
La nave pasó zumbando sobre la cabeza del comandante general de este instituto armado, Pedro Minaya Torres, cuando pronunciaba su discurso de orden por el Día de la Fuerza Aérea.
El aeroplano fue la estrella de la ceremonia que se realizó en la base área de Las Palmas, en la que se honró la memoria del héroe de la FAP, José Quiñones.
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