
Por ahora, parece que el que más preocupa es el veterano republicano, que a sus 72 años ya ha pasado cuatro veces por el quirófano para quitarse otros tantos melanomas, el tipo más peligroso de cáncer de piel. Con estos antecedentes, McCain no sólo sería el hombre más viejo en jurar el cargo como presidente, sino el primer superviviente de cáncer en ocupar el Despacho Oval.
La historia de McCain con el cáncer de piel comenzó en 1993, cuando se le extirpó un primer tumor del hombro izquierdo. La operación tuvo que repetirse en el año 2000 con dos nuevos tumores cutáneos descubiertos en el brazo y en la sien izquierda. Este último fue clasificado en estadío IIA por sus dermatólogos de la clínica Mayo (en una escala en la que IV representa el peor pronóstico). Las secuelas de aquella última cirugía, que obligó a extirpar 30 ganglios (todos ellos libres de cáncer), aún es apreciable hoy en día en el rostro del candidato.
Obama, juega en este terreno con tanta ventaja como le dan también las últimas encuestas. Es joven, está en buena forma y lleva unos hábitos de vida muy saludables. Sólo tiene una pega en su historial: es fumador. No se sabe con exactitud cuánto fuma Obama, pero sí que empezó hace dos décadas y que ha intentado dejarlo sin éxito en varias ocasiones. La última, según sus propias palabras, en 2007, antes de comenzar la campaña presidencial; aunque él mismo reconoce que ha fumado algún cigarro ocasionalmente desde entonces.
Algunos de los informadores que cubren su campaña aseguran que puede vérsele masticando chicles con nicotina, aunque su médico no confirma desde cuándo los usa ni con qué frecuencia. Como no se sabe tampoco el número de paquetes diarios que fuma Obama, es difícil hacer una predicción aproximada del riesgo de cáncer de pulmón, patologías cardiacas y otras consecuencias de salud que puede acarrear su vicio. Una información que la prensa estadounidense considera relevante.
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