NO TENDRÁN REGALOS, PERO SÍ SED
Por Derry Díaz.
Su garganta está seca, pero no están secos sus ojos. Mariela llora cuando recuerda el 24 de diciembre, pues ese día es una de las pocas fechas en que su padre, Misael Romero, no la golpea. Con amargura relata que el resto del año, dicho sujeto “me da de alma”.
De extrema delgadez, esta niña de ocho años, no recuerda haber celebrado una Navidad, pero sí rememora las veces en que ha tenido que pedir a los vecinos un pedazo de pavo o un vaso con agua. Una escena que se repite casi todos los años pues en su casa no hay agua, pero sí harta pobreza.
En la Asociación Bello Horizonte, en Puente Piedra (Lima norte), nadie tiene agua potable y tampoco desagüe. Si Papá Noel existiera y visitara esta zona, no tendría razones para emitir su estruendoso jo, jo, jó, pues la miseria que reina en este sitio de la periferia limeña no es razón para reír.
Bidones vacíos
Mientras conversamos, Mariela tiene clavada la mirada en el helado que come un niño quien, en medio de la polvareda, juguetea con un perro callejero. Tiene sed, pero no lo dice, pues sabe que en casa no hay agua. Esta vez su madre, Sonia Antonio, no pudo comprar un cilindro del líquido a la cisterna por falta de dinero. Probablemente el bidón también esté vacío el 24 y esta melancólica niña se verá obligada a tocar la puerta de su amiga Lucero o Evelyn. Precisamente estas pequeñas se han sumado a la charla, luego de escuchar atentas el relato de su amiga.
Lucero, de 12 años, le examina las manchas blancas que tiene esparcidas por todo el cuerpo. “El agua hongueada tiene la culpa”, sentencia y Mariela asiente con la cabeza. Las niñas saben al detalle la problemática de su comunidad pues la padecen. Aseguran que el agua que vende la cisterna de Sedapal está “cochina” y les hace daño. “Algunas señoras no hierven el agua porque no tienen leña y los niñitos la tomamos cruda, y nos da diarrea, nos salen manchitas, granitos”, explica con sorprendente lucidez Lucero.
Reciclada
El domingo, Mariela y su familia quizá no tengan ni siquiera agua para beber. Y si llegan a conseguir al menos un litro, esa misma cantidad que les servirá para lavarse las manos, la madre la utilizará para cocinar. Con la sobra lavará los platos y unas cuantas prendas. No cenarán porque ya almorzaron una sopa de cabeza de pollo. Mucho menos recibirán un regalo. “Nuestro mejor regalo sería que nos pongan agua en el caño o al menos que la cisterna nos dé agua limpia”, demanda Lucero y Mariela solo dice sí con la cabeza. Su miedo inicial parece haberse incrementado luego del relato. Nos pide que intercedamos para que no la golpeen más. Su padre está advertido.
Conociendo el sabor del panetón
1. Por primera vez ayer, muchos niños de las zonas más pobres de Puente Piedra disfrutaron del sabor del panetón y de una taza de chocolate caliente. Madres y padres de familia -liderados por Roberto Rodríguez- de las asociaciones Bello Horizonte, Orquídeas, Progreso y Copacabana organizaron una chocolatada en la que mil niños pobres pasaron un rato agradable.
2. En el desarrollo de esa celebración, las madres de familia también denunciaron que sus pequeños se enferman por consumir agua contaminada de la cisterna de Sedapal.
3. Se estima que en la capital mueren anualmente unos 375 niños por infecciones derivadas por el consumo de agua contaminada. Más de dos millones en Lima y siete a nivel nacional, no tienen agua potable, según cifras del Movimiento Peruanos sin Agua.
TOMADO DE larepublica.com.pe
Pequeños de Puente Piedra solo quieren agua potable, como obsequio de fin de año. Niña relata que cada 24 de diciembre pide a sus vecinos un vaso con agua o un pedazo de pavo. Menores son conscientes de la necesidad de ese servicio y cómo afecta la salud de sus familias.
Por Derry Díaz.
Su garganta está seca, pero no están secos sus ojos. Mariela llora cuando recuerda el 24 de diciembre, pues ese día es una de las pocas fechas en que su padre, Misael Romero, no la golpea. Con amargura relata que el resto del año, dicho sujeto “me da de alma”.
De extrema delgadez, esta niña de ocho años, no recuerda haber celebrado una Navidad, pero sí rememora las veces en que ha tenido que pedir a los vecinos un pedazo de pavo o un vaso con agua. Una escena que se repite casi todos los años pues en su casa no hay agua, pero sí harta pobreza.
En la Asociación Bello Horizonte, en Puente Piedra (Lima norte), nadie tiene agua potable y tampoco desagüe. Si Papá Noel existiera y visitara esta zona, no tendría razones para emitir su estruendoso jo, jo, jó, pues la miseria que reina en este sitio de la periferia limeña no es razón para reír.
Bidones vacíos
Mientras conversamos, Mariela tiene clavada la mirada en el helado que come un niño quien, en medio de la polvareda, juguetea con un perro callejero. Tiene sed, pero no lo dice, pues sabe que en casa no hay agua. Esta vez su madre, Sonia Antonio, no pudo comprar un cilindro del líquido a la cisterna por falta de dinero. Probablemente el bidón también esté vacío el 24 y esta melancólica niña se verá obligada a tocar la puerta de su amiga Lucero o Evelyn. Precisamente estas pequeñas se han sumado a la charla, luego de escuchar atentas el relato de su amiga.
Lucero, de 12 años, le examina las manchas blancas que tiene esparcidas por todo el cuerpo. “El agua hongueada tiene la culpa”, sentencia y Mariela asiente con la cabeza. Las niñas saben al detalle la problemática de su comunidad pues la padecen. Aseguran que el agua que vende la cisterna de Sedapal está “cochina” y les hace daño. “Algunas señoras no hierven el agua porque no tienen leña y los niñitos la tomamos cruda, y nos da diarrea, nos salen manchitas, granitos”, explica con sorprendente lucidez Lucero.
Reciclada
El domingo, Mariela y su familia quizá no tengan ni siquiera agua para beber. Y si llegan a conseguir al menos un litro, esa misma cantidad que les servirá para lavarse las manos, la madre la utilizará para cocinar. Con la sobra lavará los platos y unas cuantas prendas. No cenarán porque ya almorzaron una sopa de cabeza de pollo. Mucho menos recibirán un regalo. “Nuestro mejor regalo sería que nos pongan agua en el caño o al menos que la cisterna nos dé agua limpia”, demanda Lucero y Mariela solo dice sí con la cabeza. Su miedo inicial parece haberse incrementado luego del relato. Nos pide que intercedamos para que no la golpeen más. Su padre está advertido.
Conociendo el sabor del panetón
1. Por primera vez ayer, muchos niños de las zonas más pobres de Puente Piedra disfrutaron del sabor del panetón y de una taza de chocolate caliente. Madres y padres de familia -liderados por Roberto Rodríguez- de las asociaciones Bello Horizonte, Orquídeas, Progreso y Copacabana organizaron una chocolatada en la que mil niños pobres pasaron un rato agradable.
2. En el desarrollo de esa celebración, las madres de familia también denunciaron que sus pequeños se enferman por consumir agua contaminada de la cisterna de Sedapal.
3. Se estima que en la capital mueren anualmente unos 375 niños por infecciones derivadas por el consumo de agua contaminada. Más de dos millones en Lima y siete a nivel nacional, no tienen agua potable, según cifras del Movimiento Peruanos sin Agua.
TOMADO DE larepublica.com.pe
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