
Un gol agónico de un canterano, Pedro Rodríguez, luego de un genial pase del argentino Lionel Messi, premió el esfuerzo del Barcelona en la final de la Supercopa de Europa, el quinto título consecutivo que obtiene el insaciable equipo de Pep Guardiola en apenas cuatro meses, después de un ejercicio de supervivencia en el estadio Louis II de Mónaco, ante un rival sólido y robusto, el Shakhtar Donetsk ucraniano.
Estuvo a punto de morir ahogado por la pizarra del técnico del Shakhtar, Mircea Lucescu, pero luchó para celebrar a lo grande, cuando el partido se perfilaba hacia los penaltis, con un gol de un chico de la casa que recordó a la explosión de alegría de Andrés Iniesta en Londres contra el Chelsea.
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