
La tumba de Atahualpa estaría en Cajamarca. Los restos del último inca descansarían al lado de varios de sus súbditos en un sepulcro que no habría sido profanado y que aguarda, inalterable, la llegada de arqueólogos que crean que su hallazgo podría cambiar muchos pasajes de la historia.
Aunque, para algunos, esta probabilidad pareciera arrancada del guión de alguna película, para la antropóloga Natividad Vásquez Pérez es una verdad comprobable. “Solo se requiere de apoyo para ir al encuentro de la historia y hacer el descubrimiento”, afirma.
Según refirió Vásquez a Perú.21 , Atahualpa está sepultado en el caserío de Jangalá, en la provincia de San Miguel, donde se ubican las ruinas conocidas como las Ventanillas de Jangalá, que ella ha bautizado como Las Tres Huacas Reales del Inca Atahualpa.
El lugar, cubierto por maleza y roca sedimentada, albergaría, además de los restos del inca, a varios de sus súbditos. “A simple vista se observa ventanas, escalinatas, túneles, corredores y pozos de agua”, dijo Vásquez.
Estas huacas –refiere la antropóloga– eran casas reales del inca y fueron elegidas por sus seguidores para albergar su cuerpo. Y, aunque no hay datos oficiales, se cuenta que, tras su asesinato, Atahualpa fue enterrado en una capilla cerca de la Plaza Mayor, actual iglesia de San Francisco de Cajamarca.
Sin embargo, días después, su cadáver desapareció. Se cree que sus súbditos lo robaron y lo escondieron en un lugar remoto. Unas versiones sostienen que fue trasladado a Quito (Ecuador), pero esto nunca fue confirmado. Por ello, el paradero del cuerpo del inca sigue siendo un misterio.
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